Pero qué pedazo de...!!!

¿Otra vez machacándote e intentando callar la mente con estímulos externos?

¿No puedes parar de comerte la cabeza con problemas que podrías solucionar, si las excusas derivadas del miedo te dejaran organizarte?

¿Estás con la mente paralizada? ¿No sabes qué hacer o al menos por donde empezar? Sientes enojo por no poder concretar tus deseos, por no poder salir de tu zona de in-confort?

¿Eliges seguir haciendo lo mismo? El mismo trabajo, las mismas rutinas, los mismos vicios. Ocupas tu tiempo libre en pasar las horas sin darte cuenta, para no sentirte mal con tu ser por lo que, en el fondo, sientes que debes hacer?

No te preocupes.

Siempre se puede hacer un reset mental. A cada momento de nuestro día podemos silenciar(por un momento) esa voz que calla todas las otras, y dejar que nuestra sabiduría interna, salga de segundo plano y nos diga lo que ya sabemos.

Siempre estará nuestro cerebro reptiliano intentando seducirnos con su protección y usando tácticas desmoralizantes para impedir que avancemos. Sus armas más clásicas:

Miedo al fracaso

Miedo a no estar a la altura

Miedo a la incertidumbre…

Todos estos miedos, al ser nosotros los responsables del mundo que nos creamos y nos creemos, solo nos traerán frustración si no aprendemos a verlos, saludarlos con un guiño de ojo y decirles adiós.

Poco a poco, con mucha práctica y sin machacarnos cuando tengamos alguna recaída (que es cuando vuelves a reaccionar de la manera que no quisieras reaccionar ante una situación de stress). Es completamente normal, no te castigues, sigue buscando ser consciente de lo que pasó y haz notas mentales para que las repeticiones del error sean las menos posibles.

Tu puedes, tu vales, yo puedo, yo valgo, ella puede, ella vale

No olvides que eres un/a niño/a

Es muy placentero demostrarle a ese niño tirano, que puede ser bueno, estar tranquilo, que el mundo es lo que hacemos que sea, que la reacciones de miedo, ira, huida y pelea que aprendió, ya no son útiles, sino que al contrario, nos alejan de nuestro propósito; que nos es otro, que el de ser feliz, como la única normalidad aceptable, desde uno, como único responsable de conseguirlo.

Cada vez que notamos que hemos evolucionado, nos da alegría. Pero… Recuerda: el stress siempre intenta llevarnos por los viejos caminos. Y por eso: Práctica, práctica, práctica…

Tomar acción es fundamental.

Tener un plan es importante, pero no debe ser un motivo más para machacarnos por lo que nos falta. Si, por ejemplo, mi plan era escribir mil palabras por día, 5 días a la semana, durante un mes. Y llega el cuarto día y apenas tengo las mil de los dos primeros días que solo llegué a tipear 500 cada uno. En lugar de decirme que no sirvo para cumplir ningún objetivo o, peor, que no soy capaz de escribir tanto. Debo hacer un reset, un stop, una pausa…

Respirar…

Ver que ya inicié el camino, que me quedan 3 días para escribir 4 mil palabras y cumplir el objetivo. O que haber pasado de cero a 3 o 4 mil, incluso a 2 mil palabras, no es un fracaso, es más de lo que hice en el último tiempo( mes/es año/s). Ver el progreso ayuda a motivarnos.

Si tuve un mes increíble y, siguiendo con el ejemplo de palabras escritas, el siguiente mes escribí poco o directamente nada. No pasa absolutamente nada, a seguir escribiendo, a partir de hoy.

No recomiendo querer compensar el objetivo inicial después de un par de semanas porque se vuelve demasiado agobiante y terminamos paralizados de nuevos sin trabajar en nuestro propósito y pasando, nuevamente, tiempo en nuestro cerebro reptiliano. Dándonos motivos para abrazarnos a lo conocido, supuestamente cómodo, para recibir a cambio la simple supervivencia. Lejos de la felicidad que sabemos posible pero, por las dudas, no buscamos.

Decirlo es fácil.

En mi experiencia, he visto más que probado, que darse cuenta de algo, no significa cambio alguno. Es esa tal vez la razón por la que escribo: para leerme/escucharme muchas veces diciendo lo mismo, y ver si así, poco a poco, voy cambiando lo que internamente me hace ruido.

Quiero contar que, al escribir, a veces tiendo a la rima y, al hablar, mi tono suena a ironía.

Ninguno es intencional, es algo que vengo observando hace unos años y que aun no detecté el motivo u origen, simplemente está ahí, es lo que transmito. Probablemente con solo cambiar mi creencia acerca de esto, deje de hacerlo.

Lo primero, en realidad, no me molesta. Pero la ironía no intencional, me enfrenta a muchos malos entendidos. De los cuales, normalmente, me doy cuenta ya pasada la situación, sin posibilidad de aclarar nada. Por la noche se me vienen las imágenes de las caras de las personas con las que hablé y se me dispara la duda de si fui claro o no, a veces hasta siento que pude haber ofendido a alguien.

El 80% de la comunicación es no verbal y gran parte, subconsciente. Y por norma social, además, no decimos gran parte de lo verbal y consciente. Escapándose así de nuestra atención, como un 90% de lo que transmitimos al resto. Por eso intento, cuando me sale, pensar bien de los demás. Entiendo que estar en un mal día, o elegir mal las palabras, es algo muy común y que por ello, si juzgo apresuradamente, me puedo perder de conocer gente linda. Y entiendo también, que mis emociones puedan, en ocasiones, alejar los vínculos que me interesa tener, ya sea por afecto o conveniencia laboral (contactos) o ambas cosas. Sería ideal querer a los clientes, los jefes, socios, compañeros.

Para terminar, para fomentar una mejor comunicación. Pido disculpas por escribir mayormente en masculino. Intento tener un lenguaje más neutro en cuanto a sexo, pero si me concentro demasiado en eso, pierdo el hilo de lo que quiero escribir.

Aquí un par de enlaces a libros con temática relacionada con el post.





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